Pandemia, violencia machista y paridad

Por Silvia Augsburger
Foto: Sol Avena

Desde el inicio del aislamiento social obligatorio decretado por el gobierno nacional como medida preventiva para disminuir los contagios por covid 19 llevamos contabilizados 26 femicidios. Según el informe de La Casa del Encuentro, que desde varios años antes que el estado ofreciera cifras oficiales de la violencia hacia las mujeres, lleva este conteo, se registraron 21 femicidios desde el día 20 de marzo al 16 de abril.  Casi un femicidio por día.

Esta cifra, que asusta, obligó al gobierno nacional a incluir a las organizaciones que atienden a las víctimas de violencia sexista, entre las actividades exceptuadas de cumplir el aislamiento y a reforzar y difundir en redes y medios de comunicación las líneas telefónicas a las cuales recurrir para pedir ayuda.

Durante el primer mes de aislamiento, las llamadas al 144 aumentaron un 60%, lo que da cuenta de cómo las medidas de aislamiento han incrementado las situaciones de peligro a las que se ven expuestas las mujeres que conviven con violentos y constatado con crudeza una aseveración que desde el feminismo sostenemos hace mucho tiempo: el espacio privado del hogar es el lugar más inseguro para las mujeres.

Las medidas adoptadas por los distintos niveles y poderes del estado para atender la emergencia de la violencia machista han sido oportunas pero insuficientes para proteger a las víctimas.. Una vez más, los casos de femicidios producidos durante el aislamiento nos mostraron que las mujeres asesinadas, en su mayoría, ya habían recurrido en ocasiones anteriores a pedir ayuda al estado y que el femicida ya tenía antecedentes de hechos de violencia previa y/o restricciones de acercamiento que violó sin que el estado tomara ninguna medida.

También es importante valorar que hay un número creciente de mujeres funcionarias en distintos espacios y niveles del estado que están trabajando con mucho compromiso, administrando con eficacia la escasez de recursos para atender las demandas de las víctimas de violencia. Pero los recursos, infraestructura, capacitaciones siguen siendo insuficientes y es urgente, imprescindible, incrementar el presupuesto y las acciones del estado para proteger de forma eficaz a las mujeres víctimas de violencia sexista.

Los casos de femicidios además de impactarnos, nos dejan una enseñanza. Un mensaje muy claro que nos está mostrando la ola de violencia machista en el medio de la pandemia. Nos dice que todo lo que hagamos será insuficiente para detenerla. Porque mientras atendemos la emergencia, la sociedad sigue reproduciendo un modo de organización que discrimina y subordina a las mujeres, siendo la violencia machista la expresión más cruel y acabada de esa discriminación. Mientras no erradiquemos la discriminación de la base de la pirámide social , en su vértice seguirá existiendo un macho violento capaz de matar si una mujer no se ajusta a sus deseos y expectativas. El femicida no es un enfermo, es una expresión exacerbada de un varón socializado para dominar.

En estos tiempos, donde estamos tan expectantes de encontrar el tratamiento y la vacuna para combatir al covid 19, podemos hacer una comparación entre ambas pandemias, entre la que hoy nos mantiene en aislamiento social y la de la violencia sexista que asesina a una mujer cada 30 horas. No hay vacuna contra el COVID-19 y hasta que la encontremos , el tratamiento será estar lejos para evitar el contagio. En violencia sexista, el tratamiento es atender a las víctimas, protegerlas, exigir justicia y condenar al victimario. Pero ya tenemos la vacuna. Hay que aplicarla y se llama PARIDAD.

Para construir una sociedad sin violencia hay que construir una  democracia paritaria.  Una democracia donde independientemente del sexo, la identidad y la orientación sexual, las personas tengan las mismas oportunidades y el mismo trato. Sin estereotipos, sin pre asignación de roles, sin exclusiones. La democracia paritaria es establecer la paridad de varones y mujeres en todos lados.

Paridad en el hogar, compartiendo en forma equitativa las tareas domésticas y de cuidado que siguen recayendo mayoritariamente en las mujeres y de las que el estado se desentiende: solo un ínfimo porcentaje de les niñes de 0 a 2 años acceden a jardines públicos y los espacios de cuidado gratuitos para las personas mayores son prácticamente inexistentes. Las responsabilidades del hogar, cuya carga recae principalmente en las mujeres es el obstáculo social que impide que ellas accedan a los espacios de decisión más importantes del estado o a los cargos más valorados y mejor remunerados del empleo privado.

Paridad en el espacio público. En todos los espacios de decisión del estado, en los tres poderes y en los tres niveles, pero también paridad en los escenarios, en los medios de comunicación , en las comisiones directivas de los clubes, en los sindicatos y también, como lo está exigiendo ONU MUJERES, en los comités de crisis que cada país ha constituido para implementar las medidas de emergencia frente a la pandemia.

En Santa Fe, ahora que se inicia un nuevo período legislativo, tenemos que exigirle al senado provincial que apruebe la ley de paridad que por segunda vez aprobó la cámara de diputados y duerme en el senado por la falta de voluntad política de sus integrantes: 18 varones y una sola mujer. Muchas veces escuchamos expedirse contra la violencia hacia las mujeres a representantes de ese poder del estado provincial. Se manifiestan contra la violencia porque creen que lo que ellos hacen no es violencia, pero, ¿ no es acaso violencia obturar el ingreso de las mujeres a los poderes del estado impidiendo la implementación de la ley de paridad? ¿ No es acaso violencia impedir la sanción de la ley provincial de ESI, siendo la Educación Sexual Integral la herramienta más poderosa para promover relaciones sexuales respetuosas y consentidas y para evitar el abuso sexual infantil?

Como hemos leído y escuchado reiteradas veces durante estos días de aislamiento social obligatorio, esta pandemia, esta crisis que vivimos hoy, ahora, puede ser una oportunidad para repensar y construir una sociedad mejor. Una sociedad más justa y más igualitaria. Erradicar la violencia hacia las mujeres , punta del iceberg de la desigualdad sexual sobre la que se construyeron las democracias modernas, es parte indispensable de esa construcción. La paridad entre varones y mujeres es nuestra mayor y poderosa herramienta. Es la vacuna contra la violencia sexista. Si la aplicamos, en todos lados, dejaremos de contar mujeres muertas.

Publicada originalmente en: Política de Santa Fe.