Las trampas de la paridad

Por Ingrid Beck y María Paz Tibiletti

Entre cruces anodinos, hashtags y giras interminables por los medios de comunicación, la campaña para las PASO es la segunda en la historia de la Argentina con ley de Paridad. Sin embargo, para alcanzar el 50% establecido en la normativa, es imprescindible que haya más mujeres encabezando las listas. Hoy, de las 257 bancas de la Cámara de Diputados, 109 son ocupadas por mujeres (42,4%) y 148 por hombres (57,6%), la cifra más alta desde el regreso de la democracia en 1983. En esa cámara, en noviembre, se renovarán 127 bancas con mandato hasta 2025 y solo el 32,47% de las listas está encabezada por mujeres. En el Senado, las mujeres ocupan 29 bancas (40,2%) y los hombres, 43 (59,8%). Allí se renovarán 24 escaños y la posibilidad de alcanzar la paridad es menor, ya que solo un 26% del total de las listas de precandidaturas llevan primera a una mujer. Es que a pesar del avance de los feminismos en la política argentina, en estas elecciones legislativas se enfrenta la posibilidad de un retroceso en la participación de mujeres en el Congreso nacional como consecuencia del efecto «cabeza de lista».

Ampliamente debatida y finalmente aprobada por amplia mayoría (165 votos a favor y 4 en contra) en noviembre de 2017 –en lo que fue la primera actuación pública de lo que luego sería el grupo “Las Sororas”, impulsor, entre otras normas de ampliación de derechos, la de Interrupción Voluntaria del Embarazo-, la Ley 27.412 establece que las listas de cargos electivos deben estar conformadas en un 50% por candidatas mujeres, intercaladas sucesivamente con los candidatos varones. Hasta entonces, regía la ley de cupo femenino que garantizaba la representación de las mujeres en un tercio de los escaños.

«La paridad es una norma para superar los obstáculos sociales que tienen las mujeres para acceder a los espacios públicos. Y se impone a través de una ley justamente porque si se deja al libre albedrío sería imposible que las mujeres lleguen en un plano de igualdad a ocupar espacios de representación», explica Silvia Augsburger, socialista, exconcejala de Rosario, exdiputada nacional, exdiputada provincial y referente de la organización Ojo Paritario.

Augsburger celebra que la ley haya permitido un incremento de las candidatas mujeres desde su primera aplicación en 2019, pero señala que aún queda mucho por conquistar.  «Sin duda uno de los logros de la ley es la mayor cantidad de mujeres candidatas para estas elecciones, algo que viene ocurriendo desde hace dos años”, sostiene. Para la dirigente socialista –militante de Igualdad y Participación en Santa Fe, el espacio que lleva a Rubén Giustiniani como precandidato a senador nacional por el Frente Amplio Progresista – , “el desafío ahora es alcanzar la paridad en las cámaras nacionales y en cada una de las legislaturas provinciales y concejos municipales de cada una de las ciudades del país. Con esa representación paritaria, el objetivo luego es, como ya hemos visto, cómo las mujeres cambian y cómo la política cambia al alcanzar la igualdad sustantiva».

El desafío en todo el país

Según un monitoreo realizado por la Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, hubo un alto nivel de cumplimiento de la paridad a nivel nacional. De hecho, solo se registró un incumplimiento en las precandidaturas para la Cámara de Diputados, lo que representa una caída del porcentaje de incumplimiento del 4% al 0,4% con respecto a las elecciones de 2019. El informe señala también que hubo un aumento de mujeres encabezando listas para ambas categorías nacionales, sobre todo en entre precandidaturas para la Cámara baja. A nivel provincial, se observa un alto nivel de cumplimiento de la paridad y alternancia pero menor porcentaje de mujeres encabezando listas: 26,5% en promedio para los Senados provinciales y el 33,3% en promedio para las Cámaras de Diputados provinciales.

Además, este año varias provincias argentinas estrenarán la paridad. Durante 2020, y al calor de la aplicación de la ley de paridad nacional en 2019, se aprobaron normativas en ese sentido en siete provincias, y se cerró el año con solo tres distritos sin paridad: Corrientes, Tierra del Fuego y Tucumán. “Aún con la pandemia, los movimientos feministas logramos con mucha resistencia sancionar leyes de paridad provinciales», destaca Augsburger. En estas elecciones Jujuy, San Luis, La Rioja y Santa Fe implementarán por primera vez la paridad, mientras que La Pampa y San Juan lo harán recién en 2023. Además de la evaluación pos PASO, el desafío para Ojo Paritario y para el movimiento feminista, plantea la santafesina pasa por “garantizar la paridad en las tres provincias que aún no tienen ley y lograr una paridad horizontal para concretar una paridad efectiva en todos los espacios de representación».

Trampas patriarcales

«Hay algunas cuestiones importantes a analizar en ese sentido: qué pasó con la cultura política, cómo es el proceso de selección de las candidatas y qué cambió con el cupo y la paridad. La pregunta es si la participación de las mujeres —primero con el cupo y después con la paridad— ha cambiado la forma de hacer política y ha modificado el papel que tienen las mujeres en la política», analiza Virginia Franganillo, socióloga e integrante fundadora de Ojo Paritario.

Creadora y primera presidenta del Consejo de la Mujer en 1992, Franganillo fue una de las impulsoras de la ley de cupo femenino que se sancionó en 1991, cuando Carlos Menem era presidente. Autodefinida “militante peronista y feminista”, la referente recuerda que tras la sanción del cupo, hubo una reacción muy fuerte de los hombres de la política que no querían que les quitaran «su lugar» y se negaban a cumplir la ley. «Lo supimos desde el primer momento: la ley del Senado salió con la convicción de que iba a ser testimonial; y de Diputados, lo mismo. Nos lo decían a nosotras. Recuerdo que pocos meses antes de que se constituyeran las listas para la elección del 93, un medio periodístico hizo una encuesta y la mayor parte de los legisladores dijeron que la ley no se iba a cumplir. La estrategia entonces fue ‘no hay mujeres’”. “Fue una pulseada todo el tiempo», cuenta la extitular del Consejo de la Mujer.

Franganillo señala otras preocupaciones a la hora de consolidar la democracia paritaria. «Las mujeres tenemos más dificultades de acumulación de poder. Una expresión de esto es que las mujeres renovamos menos que los varones: elección tras elección, vemos que son menos las mujeres que vuelven a ser elegidas en relación con los varones. Y el otro tema tiene que ver con el sistema decisional: vemos que algunos distritos nuestras compañeras han logrado un reconocimiento social y una representatividad, pero no son las elegidas por el poder. Y esto es casi un patrón».

En esa misma línea, Augsburger señala que los próximos pasos son evaluar qué mujeres acceden, qué iniciativas en relación a la agenda feminista llevan adelante y, sobre todo, cómo lograr la permanencia de esas de esas mujeres en los espacios de representación. «Lo que hemos visto con el funcionamiento de la Ley de Cupo durante casi 30 años es que las mujeres, en general, acceden a espacios de representación pero no son reelectas como sí son muchas veces los varones. Esa es una cuestión a analizar y un desafío para nuestra democracia», concluye.

Esta nota fue realizada en el marco de la cobertura conjunta entre Letra P y Ojo Paritario sobre las elecciones 2021 en Argentina, con el apoyo de Fundación Friedrich Ebert (FES).