Feministas gobernando: más allá de la foto

Por Tali Goldman y Flor Alcaraz

“Volvimos mujeres” no fue solo un furcio el día de la asunción de Alberto Fernández. El 2020 fue un año bisagra en la historia del feminismo y la política: las funcionarias llevaron adelante la gestión de la pandemia y las estrategias por la legalización del aborto. La pregunta histórica por el rol de las feministas en el Estado hoy tiene contenido, fuerza propias y también conflicto. Flor Alcaraz y Tali Goldman radiografían el momento de cara a la conformación de las elecciones 2021.

La gacetilla de prensa del 7 de enero de 2021 podría haber sido una más de las que manda a diario el equipo de comunicación de la Presidencia. Un mecanismo típico que permite a periodistas conocer de primera mano las actividades de los mandatarios: “El presidente Alberto Fernández se reunió esta tarde en la Casa Rosada con Hugo López-Gatell Ramírez, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud de México, y con Efraín Guadarrama Pérez, director general de Organismos y Mecanismos Regionales Americanos de la Secretaría de Relaciones Exteriores de ese país para compartir las experiencias de ambos países en torno a la pandemia de COVID-19. Acompañado por la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti, y la asesora presidencial Cecilia Nicolini, el mandatario habló con los funcionarios mexicanos sobre el trabajo realizado en las dos naciones para enfrentar el coronavirus y sobre las perspectivas para los próximos meses”. 

Además del texto, la foto de la gacetilla mostraba a las acompañantes del presidente: dos mujeres. Ni al ministro de salud Ginés González García, ni al jefe de gabinete Santiago Cafiero, ni al canciller Felipe Solá. La imagen no recorrió las redes sociales, pero dejó en evidencia que aquel furcio de la asunción, “Volvimos mujeres”, tuvo un fuerte anclaje en la realpolitik. 

El año en el que volvimos mujeres en lugares claves y de toma de decisiones fue uno de los ciclos más difíciles de las últimas décadas. En esa reunión junto a la comitiva mexicana estuvieron Vizzotti y Nicolini, las funcionarias al frente del operativo más grande de la historia argentina en materia de vacunación. Ellas comandaron el viaje a Moscú para buscar el primer cargamento de Sputnik V a finales de diciembre mientras la campaña anti “vacuna rusa” se transmitía en loop en los medios y en las redes.

Las feministas siempre encontraron la forma de hacer política en espacios institucionales, pero el año pasado fue bisagra. La rosca y la legitimidad política no caben en una legislación de discriminación positiva como el cupo y la paridad. Después de Ni Una Menos, los paros internacionales y la resistencia feminista contra el macrismo, en 2020 el desafío estuvo en la gestión. Tanto, que su protagonismo en las listas de las próximas elecciones promete ser clave y estratégico.

La práctica de este primer año de gobierno traza las respuestas ante las preguntas que inquietaban: ¿Qué rol cumplirían las feministas en el Estado? ¿Habría lugar allí para transformarlo todo como se había prometido en tantas marchas y asambleas? Si una de las grandes consignas históricas es “El Estado es responsable”, ¿cómo asumir esa responsabilidad desde el Estado sin perder la brújula?  

Las mujeres estuvieron en la primera línea frente al coronavirus pero también en los lugares de toma de decisión imprimiéndole una lectura feminista como respuesta a la pandemia. Trabajaron más de lo que el cuerpo les permitía y por fuera de los roles o cargos, haciendo malabares entre los cuidados domésticos y los cuidados colectivos que implica la gestión. Más allá de los enojos virtuales que genera la falta de mujeres, lesbianas, trans en algunas imágenes que captan la gestión cotidiana, hay otras escenas que no quedan registradas -por la misma lógica de la política macha, por exceso de humildad- que completan la película.  

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“Teníamos nuestras raíces pero necesitábamos hacernos de ramas”, dice Cecilia Nicolini para explicar cómo se gestó el grupo de Whatsapp de Mujeres Gobernando. Ese chat empezó con 40 integrantes y hoy llegó al tope permitido por la aplicación de mensajería: 256 mujeres en puestos jerárquicos. “De directoras nacionales para arriba”, explica la asesora presidencial que es la administradora de ese espacio virtual. 

El chat fue una idea que tuvieron junto con Mercedes D’Alessandro, Directora Nacional de Economía, Igualdad y Género, mientras asistían a la asunción del equipo del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad el 8 de enero de 2020 en el Ministerio de Desarrollo Productivo, porque todavía la cartera no tenía ni edificio propio. Las dos venían de vivir, estudiar y trabajar en Estados Unidos. Nicolini en Boston y D’Alessandro en Nueva York. Se habían conocido cuando Nicolini la invitó a participar de una charla en Harvard, donde ella estudiaba. Sabían que si querían hacer política feminista iban a tener que construir sus propias redes. Mientras se materializaba la jerarquización del Ministerio, crearon un espacio horizontal de diálogo se convirtió en una herramienta clave de la gestión.

Según el Observatorio de las Elites realizado por el Centro de Innovación de los Trabajadores (CITRA) que puso el foco en el género en el poder, las mujeres ocupan el 37,5 por ciento de los cargos más altos del gobierno de Alberto Fernández. En la gestión anterior representaban el 23,1 por ciento.

Cecilia Nicolini cursó una maestría de Administración Pública en la Universidad de Harvard y tiene una amplia experiencia en el área de tecnología e innovación en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Empezó a trabajar con Alberto Fernández antes de que asumiera. Los había presentado el chileno Marco Enríquez-Ominami, fundador del Grupo Puebla. 

Volvió a la Argentina después de 15 años cuando le propusieron la asesoría presidencial. Se instaló con un compañero con trabajo en Estados Unidos y su hijo León de dos años. En su red de cuidadoras están sus hermanas que garantizan que ella pueda estar casi 24×7 dedicada a su trabajo. Entre otras cosas, coordinó el arribo de insumos sanitarios desde China, el desarrollo de kits de detección y la fabricación de respiradores, y fue a Rusia para las gestiones por la vacuna. Pero el viaje a Moscú con Carla Vizzotti fue distinto. Un cóctel de estrés, presiones, emoción y compromiso a la altura de la vorágine de la historia. 

“¡Cecilia en C5N!“, “¡Carla en A24!”. Las capturas de pantalla se compartían en el chat de Mujeres Gobernando. El seguimiento del viaje de Nicolini y Vizzoti en diciembre de 2020 fue minuto a minuto. “Ese acompañamiento nos daba fuerzas”, dice Nicolini. Ellas eran las caras visibles del viaje pero también iban arriba del vuelo AR1060 cuatro inspectoras de ANMAT. La amplia presencia femenina del equipo contrastó con la conferencia de prensa oficial. El jefe de gabinete, Santiago Cafiero, junto con el Ministro de Salud de la Nación y el embajador ruso fueron las caras visibles frente a la prensa luego del arribo del vuelo. Cecilia Nicolini y Carla Vizzoti esperaban el resultado de sus PCR. 

—Nuestra manera de imprimir un giro a la forma de hacer política es que nos fijamos en los objetivos finales, en el resultado y en el proceso, no estamos a los codazos. Como feministas, nos basamos en la empatía, en la confianza y en lograr un objetivo sostenible, integral —dice Nicolini—. Tenemos que encontrar el equilibrio en el justo reconocimiento porque salir en la foto es válido para que otras vean mujeres en política, en economía, en gestión y que se animen. 

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Carla Vizzotti tiene hinchada propia. @lavizzotti, en Twitter, “banca a la mejor funcionaria del 2020 que se le plantó a la pandemia y la corrió a chancletazos!”. En tiempos de macrismo vio cómo desguazaban el equipo que había formado y que había logrado un récord histórico: en 2003 el calendario de vacunación argentino incluía 8 vacunas y en 2015 llegó a 19 por la gestión de la Dirección Nacional de Control de Enfermedades Inmunoprevenibles (DiNaCEI) que Vizzotti comandaba. Jorge Lemus, el primer ministro de Salud de la Alianza Cambiemos, la desvinculó de su cargo. Para ella fue una sorpresa porque siempre había trabajado como lo que es: una técnica. Fundadora y expresidenta de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE), su currículum además de extenso es un antídoto en sí mismo en tiempos de lucha contra la “infodemia”. Fue la primera representante argentina en el Comité Consultivo de Prácticas de Inmunización de la Organización Mundial de la Salud y es la Presidenta del Comité Científico del próximo Congreso de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI).

La política a veces da revancha: una de las primeras gestas épicas de Carla, mucho antes de volver de Rusia con la Sputnik V, fue acompañar a Ginés González García en la liberación de las 12 millones de vacunas embargadas en la Aduana de Ezeiza. Con él había llegado a la gestión pública y ahora volvía para, aún sin saberlo, tener un rol fundamental en la gestión de la pandemia. 

Esta no es la primera vez que enfrenta una crisis sanitaria. Estuvo a cargo del Programa Nacional de Vacunación en 2009 con el brote de la gripe A. Ahora, como Secretaria de Salud no solo pone cuerpo y cabeza. Durante casi un año, “La Vizzotti” informó a lxs argentinxs el desarrollo de la curva y transmitió la información médica con cuidado y buen humor, como destacan quienes la acompañaron cada mañana en esas transmisiones. 

Poner la voz, el cuerpo, la cara tiene costos en una sociedad machista: para intentar descalificarla, Jorge Lanata criticó su aspecto físico y la llamó con un diminutivo, una forma de infantilización que las mujeres política conocen de memoria. “Despreciable la misoginia de Jorge Lanata y repudiable su maltrato. Siempre, siempre, del lado Carla Vizzotti de la vida. Ya es hora de que las mujeres no tengamos que soportar este tipo de agresiones. #EsViolenciaPolitica”, dijo en ese momento la Secretaria de Legal y Técnica, Vilma Ibarra. También la defendieron otras Mujeres Gobernando. 

Los espacios informales son también escudos.

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—Voy a presentar el proyecto de despenalización del aborto.

—Para presentar solo despenalización no hagas nada. Vas a tener problemas con verdes y celestes. Es legalización o nada.

Era 14 de noviembre de 2019. Vilma Ibarra y Alberto Fernández estaban en un café cerca de la Facultad de Derecho de la UBA. Cruzaron la avenida Figueroa Alcorta para conversar ante la mirada atenta de los y las periodistas. Salían de la presentación de “Somos Belén”, el libro en el que la periodista Ana Correa cuenta la historia de la joven tucumana que pasó 29 meses presa por un aborto espontáneo. 

En el bar intercambiaron argumentos de un lado y del otro —no sin levantar el tono, no sin rezongar. El presidente electo cedió:

—Tenés razón, Vilma. Tenés razón, Vilma. 

Un año después la historia también le dio la razón a Ibarra. El aborto se convirtió en ley el 30 de diciembre de 2020 y se promulgó el 14 de enero de 2021 por la lucha histórica de los feminismos y también por una Secretaria Legal y Técnica que se puso al hombro, con su equipo, la gesta: desde la redacción del proyecto oficial hasta la rosca para conseguir los votos. Lo mismo había hecho desde el lugar de diputada cuando presentó su proyecto de la Ley de Matrimonio igualitario, sancionado en 2010.

La salud de las mujeres y las personas gestantes fue, para Vilma Ibarra, una prioridad por sobre las especulaciones políticas. “Vilma le taladra la cabeza a Alberto, es así”, dicen quienes frecuentan los pasillos de Balcarce 50. Es la primera mujer en ese cargo en la historia del país. Alberto Fernández la escucha y confía en quien tiene la responsabilidad de cuidar su firma. Ibarra participa de las reuniones de la mesa chica colmadas de varones aunque sus asesoras de máxima confianza son dos mujeres: Jessica Kopyto, subsecretaria de Asuntos Legales, y Florencia Feldman, titular de la Unidad Gabinete de Asesores de la Secretaría de Legal y Técnica.

La palabra que Alberto Fernández le dio a Ibarra en la otra mesa, la del café, se cumplió. En la apertura de sesiones en el Congreso, el presidente formalizó la promesa de campaña. El envío de un proyecto del Poder Ejecutivo se puso en pausa por la pandemia pero los feminismos no dejaron de insistir con múltiples acciones para que pulsara el botón verde prometido. En octubre y ante la inminencia del fin del año legislativo el aborto empezó a ser tema de reuniones presenciales y virtuales, de llamados y pasilleo. En un gobierno de coalición, no bastaba con la decisión del presidente. Hubo un trabajo subterráneo y silencioso de muchas funcionarias y legisladoras. La reunión de la senadora mendocina del Frente de Todxs, Anabel Fernández Sagasti, y la Ministra de las Mujeres Géneros y Diversidad de la Nación, Elizabeth Gómez Alcorta con Cristina Fernández de Kirchner fue clave. A la vicepresidenta le preocupaba que la incoporación del aborto voluntario como derecho complicara el sistema de salud ya saturado con la pandemia.

La contraseña para conseguir su apoyo político fueron los argumentos feministas y sanitarios desarrollados en estos años de lucha: el aborto no estresa el sistema de salud, por el contrario, el aborto clandestino produce más de 3 mil internaciones por mes que son evitables. 

La conquista de la ley mostró la transversalidad feminista que fluye en el palacio de gobierno y en el Congreso cuando el objetivo es ampliar derechos.

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Barbijo e impecable traje verde, remera y zapatillas blancas, Malena Galmarini mira desde uno de los palcos el tramo final del debate por el aborto en la Cámara de Diputados y diputadas la madrugada del 11 de diciembre de 2020. La acompaña su hija, Milagros, y su madre, Marcela Durrieu, ex diputada y responsable de la articulación que logró la gesta de la ley de cupo femenino y convirtió a la Argentina en pionera en normas de este tipo. La historia de las mujeres políticas se condensa en ellas tres: no son pasado, presente y futuro. Son todas las temporalidades feministas y todas sus luchas con la misma vigencia, como un mosaico de la diversidad que significan los feminismos en plural. 

Galmarini no es diputada ni senadora, pero ya desde 2018 fue una pieza clave en el cabildeo abortero aún sin banca. Tejedora de alianzas. “Es una mujer poderosa”, dicen las militantes feministas que trataron con ella. No fue casual que Alberto la incluyera en la presentación de su gabinete, en diciembre de 2019. Malena sería mucho más que la presidenta de Aysa. 

Esta vez fue la gran aliada para la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito: el puente más fluido entre el activismo y el gobierno. Una semana antes del debate todavía no estaban garantizadas las pantallas para ver la sesión de las calles. Las integrantes de la Campaña le pidieron a distintas funcionarias garantizar esa logística. Algunas les dijeron que no había dinero para las proyecciones. Galmarini se ocupó de eso e hizo más amenas las reuniones entre las carteras de seguridad de Ciudad y Nación. Su lugar en la política le permite  dialogar con la misma fluidez con Marcelo D’Alessandro, secretario de Justicia y Seguridad porteño, y con Sabina Frederic, la responsable de Seguridad de la Nación, otra de las mujeres claves de la era doble Fernández. 

En las dos sesiones los camiones de Aysa distribuyeron agua para las jornadas de calor extremo. Galmarini fue parte de la rosca que garantizó la calle pero también hizo parte de la rosca que conquistó los votos. Por su rol de guardiana de la paridad, como una de las fundadoras de la organización Ojo Paritario, viajó a ver senadores para que adhirieran a esa norma pero aprovechó para hablar de aborto. Tuvo reuniones con diputados y gobernadores. Llamó, whatsappeó e hizo todo lo que estaba a su alcance. Eso no se vio en ninguna foto. 

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La histórica mañana del 29 de diciembre, el comienzo de la campaña de vacunación y de la discusión por el aborto legal en el Congreso, las encontró a Carla Vizzotti y Cecilia Nicolini juntas en Olivos. De ahí se fueron al Senado. Allí también estaba Fernanda Raverta, titular de Anses, que pululaba entre la Cámara Baja y la Alta. Estaba atenta a ambas votaciones, pero lo que más le quitaba el sueño era que dieran los números para la nueva fórmula de aumento a los jubilados y jubiladas que se votaba ese día. 

De Mar del Plata a La Plata; de La Plata a la Ciudad de Buenos Aires. De gestionar una Unidad de Atención Integral (UDAI) de Anses en La Feliz a comandar el área de Desarrollo Social en la Provincia de Buenos Aires para aterrizar finalmente a custodiar la caja de los jubilados. Raverta no tiene asistentes de ceremonial y desistió del auto y chofer oficial. Se maneja en una camioneta ploteada de ANSES y trabaja entre 14 y 16 horas por día. Su nombre llegó a la plana de los diarios cuando después de una seguidilla de tropiezos y la imagen de jubilados haciendo cola para cobrar la jubilación en el inicio del ASPO: Fernández la eligió para reemplazar a Alejandro Vanoli, anterior titular del organismo. Por primera vez, una mujer ocupa uno de los cargos más codiciados: la caja del ANSES es un tesoro preciado, disputado a veces más que un ministerio. Por primera vez ANSES está dirigido por una asistente social y no por un economista ni abogado: lo primero que hizo apenas asumió fue declarar la esencialidad del personal de ANSES y abrir las oficinas de atención al público.

Una de sus aliadas es Luana Volnovich, la directora ejecutiva de la obra social más grande de Latinoamérica, el PAMI. Comparten, además de la militancia en La Cámpora, las estrategias de supervivencia en espacios masculinizados. “Muchas veces, cuando miraba a mi alrededor me sentía empoderada en el sentido de que estaba defendiendo una idea en un mundo donde el poder se define entre varones”, suele decir Volnovich puertas adentro. 

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—¿Va a salir la ley?

—Va a salir. Va a salir. Por lo que más quiero que salga es por Vilma. 

Mientras la ley se trataba en Diputados, Alberto conversaba en su despacho con un colaborador. Era 10 de diciembre de 2020 y se cumplía un año de su asunción. Su mandato se reconfigurará según la recuperación económica pos pandemia y también de acuerdo al resultado electoral. 

En 2021 se renuevan parcialmente las cámaras de diputadxs y senadorxs. Las incógnitas sobre los feminismos en la gestión ahora se trasladan a las candidaturas. ¿Qué lugar ocuparemos en las listas? La clase política tradicional parece comprender que el protagonismo de las mujeres es estratégico. Y las feministas demuestran lo que todavía no se ve en la foto: que su modelo de ocupar espacios de poder, además de todo, fortalece la democracia.

Fuente: Revista Anfibia.